Suena el despertador, las sábanas siguen pegadas, ¡no me quiero levantar!

Así es… Llega de nuevo LA RUTINA.

A todos nos cuesta y a ellos todavía más. Dejamos atrás un largo verano, lleno de aventuras que contar, de retos superados, de viajes a lugares bonitos, de ratos en familia, de dormir hasta el infinito y de disfrutar. Pero ¿nos debemos preocupar?

  • Dale tiempo, después del verano, es normal que pueda experimentar resistencias a separarse, a entrar y quedarse solito. Estos miedos dejarán de ser adaptativos, si pasados unos meses siguen manifestándose con frecuencia.
  • ¿Es su primera experiencia escolar? Si es así, si es la primera vez que se separa, aún más razón para darle tiempo
  • ¿Cambió de escuela?¿Pasó de la guardería al parvulario? El cambio de escuela también puede hacer que el período de adaptación sea mayor. ¡Paciencia!
  • En preescolares puede ayudarles que les dejes un objeto tuyo. Algo simbólico: una pulserita. Puedes decirles “se la guardas a mamá, y luego cuando te venga a recoger se la devuelves”. La pulserita servirá de sustituto simbólico de la presencia de la mamá (como lo es el chupete o el peluche). Hará de puente entre la separación y el reencuentro.
  • Anticípale con alegría y confianza las actividades del día. Anticipar nos da mayor control ante lo desconocido, y eso rebaja la angustia. Hazlo con buen humor: los niños si ven a sus mamás confiadas en ellos, se acaban sintiendo ellos también confiados. En cambio, un niño que ve a su madre asustada, será el primero en asustarse.

 

¡Mucha suerte con el regreso!

 

Jesús Molina

Doctor en Psicología