Hola papás y maestras/os,

Hoy quiero hablaros de algunos síntomas del Trastorno del Espectro Autista (=TEA) que, en ocasiones son difíciles de observar, y que pueden confundirnos pensando que nuestro hijo/a o alumno/a presenta otras dificultades distintas.

En algunos casos de TEA, se observa que el niño habla o comprende. Eso puede “confundir” a padres, y maestros, y hacerles pensar que “no es TEA puesto que habla”. Pero hay subtipos de TEA (como el famoso S. Asperger) que presentan un lenguaje normativo, así como la comprensión. Ello puede hacernos confundir y pensar simplemente que son niños “inatentos” (de hecho, una afectación dentro del TEA es la capacidad para la atención conjunta).

Por eso, a veces algunos padres/maestros dicen “atiende lo que le interesa”, es inatento, “¿tendrá déficit de atención?” Conviene recordar aquí que los niños con TEA con lenguaje y comprensión pueden parecerse mucho a niños con TDA, pero no lo son.

El niño con TEA con lenguaje y comprensión generalmente empleará “atipicidades” en su conducta, o en su forma de relacionarse. Debe evitarse caer en la farsa de que “sí se relaciona, pero sólo si le interesa”. Si es así, podríamos estar ante un caso de TEA, en el que la “flexibilidad social” está al servicio de los “intereses restringidos” del niño/a.

De hecho es bien sabido que muchos TEA pueden conversar y desarrollar interacciones sociales, pero siempre y cuando gire entorno a sus intereses. Algo que nos marca si puede haber sospecha de TEA o no es la “flexibilidad” con la que el niño se ajusta a las demandas sociales y no meramente si responde o no a las mismas.

El propio GAT o Grupo de Atención Temprana desarrolló un documento en el que señalaba que muchos TEA pueden “parecer muy sociales”. A veces nos encontramos padres que nos dicen “autismo no, porque se va con todo el mundo” ¡Ojo! Que irse con cualquiera no es un aspecto positivo o de sociabilidad, sino una dificultad para la diferenciación social. Los niños pequeños, sin TEA, no suelen irse “con cualquiera”. Más bien tienen reacciones de apego diferenciadas, desde cierta prudencia inicial ante el extraño, hasta una progresiva y lenta vinculación.

Otro error común, básicamente en maestras, es el de confundir conducta impulsiva (externalizante) con signo de hiperactividad en vez de TEA. Recordemos que muchos TEA pueden presentar sintomatología combinada: internalizante (retraimiento social) y externalizante (conducta impulsiva, falta de planificación motriz).

Cuidado con sacar conclusiones precipitadas, de:

1-Niños con conductas externalizantes muy intensas, con mucho movimiento o impulsividad: no siempre son hiperactivos, pueden ser signos sintomáticos de un TEA

2-Niños con lenguaje (que den una falsa impresión de normalidad) o sin él (que parezcan candidatos a una logopedia rehabilitadora, que se centre sólo en la forma del lenguaje, y no en los usos de la comunicación social: verbal y no verbal)

3-Niños “pseudo-sociables”, que “se van con cualquiera”. ¡Esa es una muy mala señal!

4-Niños que parecen “inatentos” pero que tras eso, hay unas dificultades más severas: cierto grado de desconexión social

Recordemos que el TEA es un “espectro” tan amplio (y con tantas correlaciones médicas en su etiología) que uno u otro niño puede variar muchísimo su sintomatología

En mi opinión, basada en más de 15 años de experiencia, los casos TEA más complejos son aquellos tendientes a leves: aquellos en los que los primeros síntomas son cierta tendencia a la inatención, cierta alteración del sueño, pero que poseen lenguaje y “pseudo-sociabilidad”. Porque eso nos hace pensar ERRÓNEAMENTE que no son autistas porque hablan o tiran besos y abrazos. Y no nos engañemos: ante la sospecha que nuestro hijo puede tener TEA es normal y COMPRENSIBLE que todos nos defendamos, que “prefiramos” emocionalmente pensar que “no”, pero es importante entonces insistir en que la “pseudo-sociabilidad” ¡NO ES BUENA!

Pero es el USO del habla, y los afectos, lo que DETERMINA si el niño/a tiene un funcionamiento TEA o no.

En mi dilatada experiencia, puedo asegurar que con el trabajo con el entorno, los TEA con lenguaje y comprensión, con pseudo-sociabilidad, son los que más cuestan de mostrar a los papás, dado que todos llevamos “popularmente” en la cabeza al autista con retraso mental, de escuela especial, y que no habla. Pero eso no debe engañarnos. Debemos ayudar a padres y maestros a hacer una cultura comprensiva del TEA entendida como un trastorno de dificultades sociales, más de que presencia de un total aislamiento (que en la clínica actual se da poco).

Gracias a tod@s, espero que estas reflexiones os sirvan en la siempre difícil y admirable tarea de educar

 

Jesús Molina

Doctor en Psicología

Profesor de UB & UOC

Coordinador CDIAP EDAI Sant Martí

Psicoterapeuta