Smartphones, tablets, teclados de ordenador y… ¡papel y boli!

Entre tantos avances tecnológicos se nos olvida que el papel y el lápiz también existen como útiles para escribir. Y es que, la escritura, es el invento que cambió definitivamente el modo de comunicarnos. Ninguna otra especie conoce este código y no nos olvidemos de que los números, también son escritura.

Sea cual sea el modo de escribir que utilicemos, la importancia de la escritura es enorme y así deben integrarlo los niños y niñas desde la infancia. Para alcanzar este maravilloso reto, hay varios aspectos que debemos tener en cuenta cuando los niños comienzan a jugar y a ejercitar sus destrezas manipulativas.

En este artículo queremos dar un enfoque útil y práctico desde la mirada del logopeda y el terapeuta ocupacional que abordan la grafomotricidad desde su visión crítica como terapeutas.

Antes de nada, hay que saber que la adquisición de la escritura, aunque está muy ligada al aprendizaje de la lectura, es un proceso independiente de ella.En la lectura están implicados procesos más complejos, como son las habilidades fonológicas o procesos de conversión de los fonemas. Esto es, la codificación de los sonidos en letras.

Por ello, aquí nos vamos a centrar sólo en los aspectos más físicos de la escritura: la grafomotricidad.

Hay que señalar que los problemas de escritura son uno de los motivos más frecuentes de derivación a Terapia Ocupacional en el entorno escolar de países como EEUU y Canadá.

Pues bien, existen multitud de abordajes de la adquisición de la escritura. Lo más frecuente es el abordaje sensoriomotor, seguido de enfoques visomotores y enfoques de aprendizaje motor.

A continuación os mostramos cuáles son los pre-requisitos para evitar que un niño llegue a tener dificultades en la escritura y algunas actividades muy atractivas para que trabajen esto de forma saludable y divertida:

  • Correcto control postural. Es decir, mantener una buena postura, para que así el niño pueda usar de forma correcta y con mayor libertad los brazos y manos. A su vez, con una adecuada postura de la cabeza y los ojos, se favorece la percepción:
    Qué hay mejor que ponerse manos a la obra sobre una mesa forrada de papel, brazos remangados y… ¡pintura de dedos! Basta con colorear dibujos amplios y vistosos. Las letras pueden venir más adelante con líneas pautadas para repasar la grafía de las letras mayúsculas.
  • Niveles adecuados de fuerza y resistencia del brazo: cuántas veces les vemos sufrir apretando el lápiz para conseguir escribir media palabra… ¡Aplastar el plástico de burbujas es ideal para trabajar esto! Por no hablar del bienestar que produce… Otra actividad que les resulta entretenida y relajante es repasar dibujos con el punzón sobre una superficie de corcho o goma eva.
  • Intervenir sobre la destreza manipulativa fina para garantizar una correcta manipulación: podemos empezar por fomentar el uso de juegos de construcciones y juguetes pequeños como los clásicos juguetitos a los que les das cuerda con los dedos y comienzan a moverse.
  • Considerar y entrenar la percepción visual que influirá en la capacidad del niño para formar letras y formas: moldear una S de “serpiente” con plastilina, dar forma a las letras de su nombre con arcilla y, por qué no, pintarlas después con témpera puede ser ideal.
  • Asesoramiento y prescripción de productos de apoyo para la escritura: hoy en día existen multitud de adaptadores para la correcta posición de los dedos en el lápiz o, simplemente, engrosar el lápiz, bolígrafo o pincel con un material como la gomaespuma alrededor de él puede ser suficiente.
  • Colaborar estrechamente con sus maestros: esto siempre es necesario para conseguir el objetivo común.Pero y… ¿qué hay de la temida pregunta que a muchos padres les surge sobre el aprendizaje de sus hijos? ¿CUÁNDO debe hacerlo?Pues bien, entre el primer y segundo año de vida los niños utilizan toda la mano para agarrar la pintura y hacer trazos. Sin embargo, para la escritura, es necesario una evolución de este agarre para poder lograrlo. Entorno a los 3-4 años el lapicero empieza a ser sostenido con dedos. El movimiento sale de la muñeca y la mano y los dedos se mueven como un todo. Hacia los 4-6 años aproximadamente, se produce la “pinza de tres dedos”. El pulgar, índice y corazón se mueven conjuntamente. Y a los 6-7 años se afianza la pinza para garantizar el movimiento del lapicero de forma eficiente.
    Posiblemente muchos de nosotros no tengamos un agarre perfecto de las herramientas de escritura ni seamos grandes maestros de la caligrafía. Así que, lo importante para desarrollar la pinza, es que garantice la funcionalidad. Ahora bien, cuando un niño muestra dificultades en alguno de ellos, debe potenciar estas destrezas con la ayuda de los profesionales especializados, como son los logopedas y terapeutas ocupacionales.

 

En definitiva, proponer juegos, juegos y más juegos y actividades en casa que promuevan todas las habilidades antes mencionadas: diseñar mosaicos pegando pieza a pieza o bolita a bolita, pintar con acuarelas, rotuladores al agua, crear piezas de pasta de modelar para endurecerlas al horno, fabricar collares y joyas con abalorios, dibujar letras sobre la arena de la playa, utilizar el espejo del baño a modo de pizarra para pintar con espuma y un sinfín de actividades por hacer.

Y una vez más… ¡Aparcar un rato tablets y smartphones para dar rienda libre a la creatividad!

 

Autoras:

Noelia de Miguel Ezaguoi. Logopeda en Madrid.                                                                                                                                        Irene León Frade. Terapeuta Ocupacional en Madrid.

Referencias bibliográficas

Asociación Americana de Terapia Ocupacional (2002). Marco de trabajo para la práctica de la terapia ocupacional: ámbito de dominio y proceso. (2ªa ed.).Feder, K., Majnermer, A., & Synnes, A. (2000). Handwriting: Current trends in occupational therapy practice. Canadian Journal of Occupational Therapy , 197-204.

Barrios S. (2017). La psicomotricidad fina no existe: Autismo diario. Recuperado de: https://autismodiario.org/2017/07/15/la-psicomotricidad-fina-no-existe/

Feder, K. & Majnemer, A. (2007). Handwriting development, competency, and intervention. Development Medicine and Child Neurology, 312-317.

Feder, k., Majnemer, A., Bourbonnais, D., Blayney, M., & Morin, I. (2007). Handwriting performance on the ETCH-M of students in a grade one regular education program. Occupational Therapy in Pediatrics, 27, 43-62.

Garcia, J. A. (2002). Preescritura y habilidades grafomotoras inicial. Editorial Limusa.