Habitualmente los maestros tienden a castigar a un niño en el »rincón de pensar». Si atendemos a la epistemología de esta frase podemos ver que aparentemente ya suena contradictoria: ¿Solamente se puede pensar en un rincón, en ese rincón?. Y lo que es peor: ¿Pensar, entonces, es un castigo? ¿Le estamos transmitiendo al niño que pensar es malo?

Ya a estas alturas se habrán dado cuenta del tremendo error social que cometemos con ese límite.
Pero no es el único.

Por ejemplo, ¿quien no ha castigado a su hijo dejándolo sin lo que más le gusta? Si bien esta puede ser una práctica incluso recomendada por algunos psicólogos nos parece mucho más útil, más educativo, que el límite tenga relación con la acción transgresora.

Así, si un niño ha desordenado, es más coherente indicarle que ordene (incluso si es con nuestra ayuda) que dejarlo sin fútbol. Porque si ordena, entiende la relación entre el límite y lo que hizo: desordenó, pues que ayude a ordenar. ¿Qué tiene que ver que vaya al fútbol o no con haber desordenado algo?

Tampoco vemos demasiado adecuado el mandar al alumno a “la clase de los pequeños”. Entendemos que es para subrayar simbólicamente que el niño se está comportando como un bebé. Pero… ¿El niño lo entiende?…. ¿Le resulta realmente un castigo, o es un premio para salir de clase y así librarse de las tareas?

Y en el caso del adolescente, el clásico: “Vete al pasillo, fuera de clase” no hace más que incentivar su poca motivación hacia los aprendizajes. O sea, que observaremos el efecto contrario. ¿Quién no tuvo en su adolescencia algún amigo que buscaba activamente que le expulsaran, para así no trabajar?

No olvidemos que todo niño, por “mal” que se porte, también tiene comportamientos buenos. Y debemos reforzarlos si queremos que después también nos escuche los regaños. Un niño al que siempre se le regaña, pero nunca se le felicita, es un niño que hará caso omiso del regaño. “Si siempre me regañan para qué…” Lo que funciona es la combinación. ¿Se imaginan tener vacaciones siempre? Seguramente ya no las valoraríamos tanto. Las valoramos porque se combinan con el trabajo. Pues en las felicitaciones y reprimendas, lo mismo

Y por último, una reflexión: ni la educación es tarea meramente de los maestros, ni lo es de los padres. Es tarea compartida de padres, maestros y sociedad en su conjunto. Así que, por favor, tratemos todos de colaborar, y no nos desautoricemos los unos a los otros. No hay nada que confunda más a un muchacho que el que sus padres y maestros se desautoricen mutuamente. Más vale equivocarnos, pero ¡juntos, remando hacia un mismo sentido!

Sin duda educar no es tarea fácil, pero entre todos podemos contribuir al beneficio de los niños… ¡QUE SERÁN LOS ADULTOS DEL MAÑANA!

 

Jesús Molina

Doctor en Psicología