«Lunes y miércoles hace inglés, martes y jueves hemos tenido suerte porque lo puede hacer todo en el colegio: baloncesto a las 17,30, y luego guitarra, a las 18,45h y yo ya la recojo a las 20h . Viernes, natación. Y el sábado toca tenis por la mañana y el esplai por la tarde. Eso sí, el domingo descansamos: vamos a comer a casa de los abuelos o quedamos con amigos para ir a caminar por la montaña «. Esta es la jornada de una niña de 9 años, explicada alegremente por su progenitora. Si hacemos recuento de las horas dedicadas a la semana, sin los deberes: 51 horas. Una jornada laboral no pasa de 40 horas. Y cuando la madre de nuestra viñeta habla de descanso, en realidad lo que quiere decir es que continúan haciendo actividades, aunque sean de ocio.

¿Qué nos está pasando? ¿Hemos olvidado el significado del verbo descansar? ¿Vamos siempre con tanta prisa que ya no sabemos cómo parar? ¿Qué pasaría si dejáramos que nuestros niños no hicieran extraescolares una o dos tardes a la semana

La alternativa de quedarse en casa por las tardes, o los fines de semana, suele provocar una reacción alérgica a muchos progenitores. ¿Quedarse en casa con los niños? ¡Se aburrirían!

Y aquí nos podemos parar y pensar, que quizás es eso lo que nos cuesta más a todos: ¿qué pasa cuando un niño se aburre? Que está obligado a pensar. A pensar en cómo salir del estado de aburrimiento. Siguiendo las palabras del profesor de pedagogía de la Universitat de Barcelona, Enric Prats: «El aburrimiento es una puerta de entrada al esfuerzo y también es una manera de conocernos mejor porque nos da tiempo para pensar, para saber dónde estamos y por qué hemos llegado donde estamos. Pero también para no hacer nada «. Es decir, poder recrearse, dejar pasar el tiempo sin sufrir por llegar a un lugar, terminar un trabajo o conseguir la excelencia.
El IEC describe el verbo recrearse como: Tener la atención distraída, no darse cuenta de lo que conviene. Pero también como: Algo susceptible de abrirse o de descubrirse. Es decir, autoconocimiento y, por tanto, creatividad y aprendizaje. Aprendizaje de los propios gustos y preferencias, no condicionados por las actividades impuestas por la familia y por la escuela. Y creatividad, es decir, libertad y autonomía, para poder elegir el propio camino para no aburrirse: imaginar y escribir una obra de teatro, dibujar un cómic, construir la Torre Eiffel con piezas de construcción, representar una épica batalla con muñecos…

En palabras del filósofo, matemático y Nobel de literatura Bertrand Russell:

«La capacidad de soportar una vida más o menos monótona debería adquirirse en la infancia. Los padres modernos tienen mucha culpa en este aspecto; proporcionan a sus hijos demasiadas diversiones pasivas, como espectáculos y golosinas, y no se dan cuenta de la importancia que tiene para un niño que un día sea igual a otro, exceptuando, claro, las ocasiones especiales. En general, los placeres de la infancia deberían ser los que el niño extrajera de su entorno aplicando un poco de esfuerzo e inventiva. Los placeres excitantes y que al mismo tiempo no supongan ningún esfuerzo físico, como el teatro, deberían darse muy de vez en cuando. La excitación es como una droga, que cada vez se necesita en mayor cantidad, y la pasividad física que acompaña la excitación es contraria al instinto. Un niño, como una planta joven, se desarrolla mejor cuando se le deja crecer sin perturbaciones en la misma tierra. El exceso de viajes, la excesiva variedad de impresiones, no son buenos para los jóvenes, y son la causa de que, a medida que crecen, se vuelvan incapaces de soportar la monotonía fructífera. No pretendo decir que la monotonía tenga méritos por sí misma; sólo digo que ciertas cosas buenas no son posibles excepto cuando hay cierto grado de monotonía».

Así que, familias, os deseamos unas espléndidas tardes de aburrirse y de recrearse, si queréis que vuestros retoños puedan hacer grandes cosas!

 

Leticia Asenjo

Directora técnica de Edai