Cuando tenemos hijos, una de las cosas que más ilusión hace es ver su primer dibujo figurativo. Lo queremos en la nevera pase lo que pase. Y que puedan evolucionar tanto para pasar del garabato a dibujar un coche, una casa o un sol. Cuando esto ocurre, el dibujo es en nuestra expresión en forma de sonrisa. Para incitarle, hemos pasado horas con rotuladores, lápices y ceras haciendo ilustraciones de todo tipo y sacando el polvo literalmente, a nuestro potencial artístico. Pero, ¿sabemos por qué a un niño pequeño le cuesta hacer un dibujo, por ejemplo, de una persona humana?

Jesús Molina, psicólogo de EDAI explica que puede ser debido a diversos factores. Por un lado, cognitivos o de reconocimiento del propio esquema corporal; y por otro, factores que tienen a ver con la motricidad fina. ¿Y qué es la motricidad fina? Pues precisamente son todas las acciones que requieren precisión de las manos a la vez que coordinación de manos y ojos. O sea, coger objetos, hacer la pinza, pellizcar, etripar…

Todos los niños acaban desarrollando esta motricidad fina pero, si queremos estimularla aun más, algunos psicólogos y neuropediatras recomiendan algunas actividades para mejorarla. Molina hace distintas propuestas para padres inquietos en este ámbito:

  • Jugar con plastilina: a través de la manipulación y la experimentación se mejora la motricidad fina.

  • Hacer collares de macarrones: a muchos niños les interesa más un aprendizaje vivencial, naturalístico, divertido y los collares de macarrones, si se hacen al lado del niño, permitiran pasar un buen rato y de paso, practicar el movimiento de la pinza.

  • Tender la colada: muchos neuropediatras recomiendan también que los niños ayuden a tender la colada, para practicar la pinza.

  • Jugar con paneles de chinchetas (de plástico): son unos paneles donde se puede copiar un modelo o inventar una silueta colocando chinchetas en un tablero. Además, en este casi, se practica la atención del niño.

Jesús Molina hace también una advertencia: probar estos juegos a partir de los intereses y motivaciones del niño, y de forma compartida, o sea, si son deberos, que parezcan una tarea de juego para que sea más placentero. Esto es lo más importante, de hecho, para tener niños con ganas de mejorar.