No es todo una cuestión científica, no hay normas escritas y cada niño es distinto y tiene distintas necesidades. Por lo tanto, aunque dormir es, sin duda, uno de los hábitos que ningún niño -ni adulto, claro- puede saltarse, es muy complicado dar consejos alrededor de este hecho. En el fondo, cada uno hace lo que puede para qué su hijo duerma cuando y cuanto necesite. Que salga bien, ya es otra cosa!

Lo que si que está demostrado es que establecer una serie de rutinas es positivo para que los pequeños puedan conciliar el sueño con más facilidad.

Es sentido común: los adultos, si hacemos deporte antes de ir a dormir, nos cuesta; el día que nos pasamos con la cena, lo notamos y estamos más rato para cerrar los ojos, y si aprovechamos las últimas horas del día para trabajar delante del ordenador, tenemos que esforzarnos para relajarnos y dormirnos. Pues si nos pasa a los adultos, a los niños, aun más, porque se le suma el ansia y los nervios -en general- que supone la acción de ir a dormir.

Por eso los expertos asocian esta facilidad para conciliar el sueño con unos hábitos que se cogen de pequeños y que, además de mejorar la conducta del niño o niña, también mejora el bienestar de padres y por lo tanto, familiar.

Y es que sin descansar todos estamos más irritables! Esto sí que no es discutible.

El curso, el otoño, menos horas de sol… y el retorno a la actividad habitual puede ser un buen momento para que los más pequeños cojan el ritmo y empiecen a dormir las horas que les toca. Pero, el tema es complicado, sobre todo en familias con varios hijos porqué las recomendaciones que se hacen desde entidades como la National Sleep Foundation (NSF) son diferentes en funciones de la edad del niño.

Por ejemplo, se calcula que los escolares, de entre 6 y 13 años, tendrían que dormir entre 9 y 11 horas diarias. Para conseguirlo, se aconseja establecer un horario fijo y regular del sueño, sin diferencias entre el fin de semana y los días de colegio, hacer actividades que gusten al niño pero que le puedan relajar. También hace falta tener un espacio adecuado para dormir, con poca luz para favorecer la liberación de la melatonina.

En la adolescencia, entre los 13 y los 17 años, los jóvenes pueden dormir 8 horas, pero algunos necesitaran 10 para rendir. Seguir unos horarios es recomendable, y también no utilizar aparatos electrónicos y pantallas como el ordenador, durante las últimas horas de la noche. Y es que la luz, y por lo tanto, los monitores, alteran la liberación de la melatonina y por lo tanto, el ritmo circadiano. Así se favorece aun más el retardo del sueño y la dificultad de conciliarlo, un hecho que, por edad, ha cuesta más. Evitar comer y beber alimentos estimulantes, como el chocolate o el café, también es aconsejable.

Aunque es cierto que, normalmente, los niños que no tienen problemas de sueño, se duermen rápido, está demostrado que a los que les cuesta, las rutinas y los hábitos, lo ponen más fácil. Probadlo, no cuesta nada!